Boletin
Mensaje de la Sra. Sadako Ogata


Antigua alumna del Sagrado Corazón – Miembro del Alto Comisionado para Refugiados de las Naciones Unidas (UNHCR)

 

La labor de mi Comisionado comenzó hace casi 50 años, en diciembre de 1950 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución para el establecimiento de la Oficina del Alto Comisionado para Refugiados. En ese entonces era una organización muy pequeña, a lo largo de estos 48 años ha crecido enormemente. Hoy en día, el Comisionado no solamente tiene a su cargo unos 12.5 millónes de refugiados sino también se ocupa de unos 10 millónes de personas de distintas categorías, personas que se encuentran desplazadas dentro de su mismo país, retornados y otros.

En la actualidad el UNHCR es una de las organizaciones humanitarias más importantes del mundo. Para daros un ejemplo, aproximadamente un 20 a un 30% de la población de Afganistan – de un total de 3 millónes - viven en el exilio en países vecinos. Aunque la guerra en la antigua Yugoslavia finalizara en 1995, alrededor de un 30% de la población de Bosnia y Herzegovina contiua viviendo muy lejos de sus hogares. Durante un periodo de 4 años, al final de una sangrienta guerra civil, más de un millón de personas fueron masacradas en un genocidio en Ruanda y más de 2 millónes de personas huían del país, recientemente un cuarto del total de la población regresaba del exilio.

Además de la labor legal en los distintos casos individuales, el Comisionado trata con el masivo número de personas desplazadas. Algunas veces inmensos medios logisticos se movilizan para prestar asistencia a los refugiados y retornados – muchas de vosotras recordareis el rescate aereo que mantuvo a la ciudad de Sarajevo en vida durante 3 días durante la guerra de Bosnia; otro rescate aereo traía asistencia sanitaria a un millón de ruandeses afectados por una epidemia de cólera cuando se encontraban como refugiados en la ciudad de Goma, Zaire.

Por estas razones el alcance y la dimensión de la actividad del UNHCR ha crecido considerablemente desde 1950. Sin embargo, su mandato principal no ha cambiado y sigue siendo el asegurar la protección de aquellos que huyen amenazados de persecución, discriminación ó violencia. Nuestra preocupación hacia estas personas queda reflejada en acciones concretas, tales como el garantizarles asilo en un lugar seguro, que no sean devueltos involuntariamente a sus países de origen y siempre que sea necesario se les proverá de asistencia material. "Protección" no es solo un concepto legal; es protección fisica, asegurando que no van a ser acosados, torturados, encarcelados ó asesinados.

Durante el periodo de guerra fria, los refugiados cruzaban las fronteras que eran tanto ideológicas como políticas. El final de la guerra fria hizo posible, de manera inesperada, que personas que habian sido durante mucho tiempo refugiados dejaran de serlo. Desde comienzos de los noventa, por tanto, a pesar de que seguimos protegiendo a aquellos que huyen, y que tratan de buscar una vida mejor, de manera creciente intentamos buscar soluciones a las distintas situaciones de los refugiados.

El UNHCR se ha dado cuenta que los refugiados normalmente quieren volver a sus hogares. Algunos – especialmente los más jovenes- desean comenzar una vida nueva en un país que les ofrezca mejores oportunidades. ¿Se diferencian en ésto del resto de los jovenes del mundo? La mayoría desean, sin embargo volver.

El año pasado por ejemplo, durante una visita a Ukrania, me enteré del grupo de mujeres Tatar, las cuales cuando eran chicas jovenes, durante el régimen de Stalin, fueron expulsadas de su tierra de origen y deportadas a otras regiones. 40 años han pasado, pero estas mujeres tenian la voluntad clara de volver a sus hogares. Me reuní con algunas de ellas en la region de Crimea. Con nuestra ayuda pudieron a penas recientemente volver a su tierras. Me impresionó la enorme voluntad de estas mujeres en empezar una nueva vida en sus lugares de origen – en lugares incluso más pobres de a donde fueron deportadas. La pertenencia a un lugar es un sentimiento que tiene raices muy profundas en el corazón y en la mente de la gente. La repatriación voluntaria es por lo tanto nuestra solución preferida al problema del desplazamiento humano.

En los casos que la repatriación suponga para los refugiados persecución ó amenaza de muerte tratamos de encontrar otras soluciones. La solución más común es el tratar de integrar a los refugiados en los países anfitriones ó incluso el tratar de reasentar a esta población de refugiados en otros lugares. Un obstáculo que dificulta la integración son los problemas económicos y los conflictos étnicos. Por otro lado, los países occidentales siguen admitiendo cada año a un determinado número de refugiados. Esta "quota" es relativamente pequeña, de ahí el que tratemos de reservar este limitado número de reasentamientos para aquellos casos más vulnerables, como son los menores sin familia, mujeres solteras con hijos o víctimas de violaciones.

Me gustaría compartir con vosotras algunas reflexiones sobre la naturaleza de nuestro trabajo y sobre los problemas que nos acucian.

La labor humanitaria surge de un simple pero muy poderoso concepto – salvar las vida de civiles inocentes. Los conflictos han sido siempre igual de destructivos y mortales pero las circunstancias eran más simples.

Hoy en día, tanto la guerra como la paz han cambiado. Los conflictos internos se han multiplicado. Hacer distinciones entre las victimas y los atacantes son cada vez más dificiles. Se persigue a grupos étnicos enteros – y en el caso de la antigua Yugoslavia- se realiza la llamada "limpieza" de estos grupos. Dejar morir de hambre a poblaciones enteras se ha convertido como otra arma de guerra. La ayuda humanitaria se ve cada vez más como partidista.

El ejemplo más claro de esta situación tuvo lugar en la region este del Zaire, lo que es ahora la Republica Democrática del Congo. En esta región, desde julio de 1994, más de un millón de ruandeses encontraron refugio. Entre esta población los habia aquellos que huían de la guerra civil – mujeres y niños inocentes – pero también estaban los autores de uno de los crímenes más terribles de este siglo, los genocidas de cientos y miles de compatriotas ruandeses. El UNHCR y otras agencias tenian ante si una situación imposible: ayudar a los refugiados y por tanto ayudar a los criminales ó retirar la ayuda y dejar morir a inocentes. Reclamamos en vano ayuda militar para separar a los dos grupos. Finalmente, decidimos que no teniamos el derecho de abandonar a estos refugiados y permanecimos allí para ofrecer protección y asistencia.

En la antigua Yugoslavia también nos enfrentamos con graves dilemas. Si rescatabamos a gente amenazada por el proceso de limpieza étnica reubicandoles a otros lugares más seguros, se nos tildaba de complices de esta práctica criminal; sino lo haciamos, se nos consideraba complices de asesinato.

No tengo rápidas soluciones sobre como tratar este tipo de dilemas. La razón principal es que las soluciones a problemas humanitarios tales como desplazamientos forzados ó hambre no son nunca exclusivamente humanitarios. Otros actores entran en escena. Los gobiernos tienen que asumir responsabilidades. A este respecto, me gustaria indicar dos direcciones.

Primero, tenemos que encontrar vias para restablecer un consenso sobre el valor y la necesidad de aquellos que son perseguidos ó amenazados con la violencia. Para alcanzar esta meta, un sentido de responsabilidad internacional hacia aquellos en necesidad se habrá de reinstaurar.

Segundo, como he dicho anteriormente, es esencial entender que sin apoyo político ó diplomático, será imposible que las agencias humanitarias por si solas resuelvan los problemas con que se enfrentan hoy en día.

Estos dos puntos señalados, pretenden indicar las posibles direcciones a tomar si queremos ir más allá de los dilemas que tan frecuentemente bloquean la labor humanitaria. Obviamente, todo depende de la voluntad de los gobiernos en tomar iniciativas politicas y en la distribución de recursos que estos realicen. La situación actual de los países en desarrollo no es favorable, los fondos publicos estan disminuyendo. La tasa de desempleo sigue en constante aumento en muchos países. La inmigración –frecuentemente confundida con los refugiados – es vista como una amenaza. Una visión de introversión sigue estando vigente y muchas veces politicos sin escrúpulos hacen que esta situación empeore en lugar de mejorar.

He apelado a gobiernos, y continuo haciendolo en nombre de aquellos que huyen de la violencia y persecución. Pero ésto no es suficiente. Un enfoque constructivo para el problema de los refugiados – interna e internacionalmente - es también responsabilidad de la sociedad civil. Todas vosotras – todas nosotras- tenemos la obligación moral de luchar en contra de la exclusión y marginalización de los miembros más debiles de esta sociedad. Resisitir al gran atractivo que representa la xenophobia. Despolitizar la cuestión de los refugiados y promoveer el mensaje de aceptación y tolerancia. Los problemas de desplazamiento en regiones lejanas tiene un gran impacto en la estabilidad y paz en todo el mundo.

Quiero concluir diciendo que la labor del UNCHR no sólo es sobre "asuntos" –es especialmente sobre "personas". Mis compañeros en los distintos países trabajan de manera directa con los refugiados y con las personas que retornan. La protección de los refugiados muchas veces significa compartir con las personas el peligro de las mismas amenazas y los mismos riesgos con que ellos se enfrentan. Por estas razones, todo el apoyo que recibimos tiene un impacto inmediato en el bienestar, seguridad y dignidad de los hombres, mujeres y niños que han sido desplazados en contra de su voluntad. Esto significa devolver a las personas que ya no tienen elección la capacidad de tomar decisiones sobre sus vidas y sus destinos. Para poder lograr esta meta necesitamos ayuda de los estados, de sociedades civiles y de ti.


Estas son adaptaciones de extractos de un discurso ofrecido por la Sra Sadako Ogata en Tokio. La Sra Ogata es graduada por la Universidad del Sagrado Corazón de Tokio y es Miembro Emerito del AMASC. Ha tenido una larga y distinguida carrera en relaciones internacionales y ha sido Miembro del Alto Comisionado para Refugiados de las Naciones Unidas (UNHCR) desde 1991. También ha recibido númerosas distinciones internacionales. Es la autora de númerosas publicaciones sobre la historia diplomática y las relaciones internacionales.



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