DIA DE MATER
Cada octubre, volvemos al colegio pero ya no como solíamos cuando eramos niñas. Todo ha cambiado de la misma forma que nosotras hemos cambiado. Volvemos al colegio con pasos peregrinos. SI con pasos de pregrino. Nuestras piernas empiezan a flaquear a medida que nos acercamos al lugar sagrado. Hoy, el colegio se ha convertido en un lugar sagrado para nosotros. Es un santuario: un santuario de encuentro, de encuentro con nosotras mismas, de todas nosotras, con nuestro pasado y nuestro presente. Al aproximarnos al umbral de la puerta, nuestra memoria reaviva el pasado, un pasado agradable que nos gustaría volver a encontrar.
Escapar del presente, del duro presente y volver a los viejos tiempos de la infancia y ¿de la dulce irresponsabildad? No, la realidad está muy lejos de ésto. Queremos sentirnos unidas en el encuentro del pasado y en el presente.
En octubre, como peregrinos en romería, traemos nuestras ofrendas, casos y hechos de la vida. Aquí está nuestra infancia y adolescencia preciosas reliquias de nuestra memoria. Aqui estamos hoy, aunque diferentes por el paso de los años, seguimos siendo nosotras mismas.
En octubre, celebramos la fiesta de Mater a través de ella entendemos el verdadero sentido de nuestro "peregrinaje". Entendemos porque sentimos de manera diferente las memorias de nuestros días de colegio y el confrontamiento con nuestro presente. Su imagen es el recordatorio de la mujer que ha hecho de sí el santuario de Dios. Es valor y es coraje, la métafora de nuestra unidad.